Sanacion Después del Aborto

(Este testimonio fue dado por "Liane" después de la Homilia del 27 de setiembre, Sagrada Familia, Seattle.)

Soy una mujer católica pro-vida, educada dentro de una sólida familia católica, partidaria de la vida. Asistí a escuelas católicas, trabajé‚ en un convento católico, y siempre he escuchado misa por lo menos una vez por semana- y he tenido 2 abortos. No es f ácil para mí revelarles mi vida porque aún todavía siento un gran dolor - parece ser que este dolor se quedar conmigo el resto de mi vida. Es este dolor el que me dá fuerza y valor para testimoniar y sentir la esperanza de que muchos hombres, mujeres y familias volveran a integrarse de nuevo.

Mi primer aborto fue a los 19 años. Apenas me había mudado de la casa de mis padres y comencé‚ a involucrarme con un hombre de negocios. El tenía mucho dinero y me complacía demasiado. Salí embarazada y rápidamente empecé‚ a sentir un miedo profundo, ese miedo se empezó a desanecer cuando el me dijo que no me preocupara, que nos casariamos y creriamos nuestro bebé. Por semanas todo parecia estar bien hasta que gradualmente dejó de hablarme de matrimonio y comenzó a hablarme del aborto.

Mis instintos y me fe católica decían "NO" al aborto. Durante dos semanas traté de luchar y seguir mis sentimientos ya que tenia 10 semanas de embarazada, pero nó fuí lo suficientemente fuerte y me dí por vencida. Mis defensas y mis fuerzas se disminuyeron. Dos semanas despues, en Noviembre de 1975 entré‚ a una clinica de aborto donde aborté a mi primer hijo. Nada era como antes. Después de mi aborto mi novio me abandonó. Me sentia como una persona muerta, sin vida - puesto que solamente funcionaba, sin metas - puesto que solamente existia.

A los 22 años conocí a otro hombre, esta vez parecía que estabamos formando una relación seria. Seis meses despues volví a salir embarazada. Yo nó queria otro aborto, pero el insistió en el "que diran nuestras familias, especialmente su mamá". La presión de satisfacerlo, poco a poco me volvió a derrotar. En Enero de 1998, nuevamente llegué a una clinica de aborto donde abandoné a mi segundo bebe por nacer.

Nuestra relación cambió inmediatamente. Yo contradecia todo lo que el decía, lo detestaba, sentía nauseas en mi estomago cada ves que el me tocaba. Salí de el para entrar más en mí, no aceptando encarar cualquier aborto. Estaba completamente destrozada, adormecida. Nunca sonreía, ni me divertía - simplemente, no sabía como hacerlo.

Los siguientes 10 años de mi vida fueron muy difíciles y dolorosos - no sabía porque. Desconocía lo que estaba susediendo conmigo, estuve a punto de internarme en un hospital Psiqui trico. Durante muchos años tuve la tentación de cortarme gravemente mientras cocinaba para que pareciese un accidente. Muchas veces al estar manejando sentí la necesidad de dejar ir mi carro contra las orrillas de la carretera. Tengo 3 hijos y nunca pude convivir con ellos. Nunca los pude abrazar y decirles que los quería. Nunca tuve amor hacia mi misma para saber cómo quererlos a ellos. Lo que nó sabía es que estos eran algunos de los sintomas del abuso personal a consecuencia del aborto.

Lo que más me dolía era no poder perdonarme. Estuve yendo a confesar el mismo pecado por muchos años, pero nó podía entender el regalo del perdon. Salia del confesionario tan vacía como entraba, pero por lo menos sabía que podía recibir a Nuestro Señor en la Sagrada Comunión. Poco a poco, de mi conciencia, las voces de culpabilidad y de verguenza me gritaban tan fuerte que sentía la necesidad de volver a confesarme.

Estuve viviendo así hasta que encontré la ayuda de un padre. Por medio de consejeria y rezando con el padre comprendí que nó era una persona echada a perder. Esto era lo más difícil de aceptar para mí, pero tomé la desición de hacerlo y finalmente me lo grabé en mi corazón y así inicié mi proceso de curación.

Mi búqueda por sanar dentro de la Iglesia Católica continuaba pero no podia encontrar la ayuda apropiada en ninguna iglesia que trabajase despues del periodo posterior al aborto; entonces tuve que acudir a un grupo Protestante de ayuda llamado "De Corazón a Corazón". Fué ahí donde comencé a darme cuenta que nó estaba loca, que había otros que experimentaron los mismos sentimientos y acciones que yo. Sentí que finalmente encontre alguien que me entendia. Cuando terminé esa etapa comencé a ver la vida diferente pero todavía no podía perdonarme, y sentía la necesidad de hablar con alguien de mi misma fe que hubiese pasado experiencias similares.

Seis meses después, comencé a participar en retiros de sanación, como resultado empece a tener una profunda y amplia visión de mi vida. Empecé a sentirme mejor conmigo misma. La confusión nubarrosa cemenzó a desvanecerse y empecé a ver una nueva primavera, una nueva resurrección. Finalmente tomé la verdad, soy una hija de Dios, mi vida espiritual se profundizó. Todavía sentía hambre de mi fe católica, quería sentirme aceptada por mi Iglesia, quería creer má s profundamente en nuestro Señor como el Sanador, quería creer TODO lo que me dijese. En el retiro fuí motivada a ver más profundamente el sentido de la Misa, el comprender su significado, su poder y perdon. Yo sabía que había un significado para cada palabra proclamada en la Misa. Había especificamente cuatro frases que me mantuvieron inspirada:

CREO EN EL ESPIRITU SANTO, EL SEÑOR Y DADOR DE VIDA

CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS LOS PECADOS DEL MUNDO, TEN PIEDAD DE NOSOTROS

CORDERO DE DIOS, QUE QUITAS LOS PECADOS DEL MUNDO, DANOS LA PAZ

SEÑOR, NO SOY DIGNO DE QUE VENGAS A MI, PERO UNA PALABRA TUYA BASTARA PARA SANARME.

El poder de estas frases me estaban diciendo que el Espíritu Santo, el Dador de Vida, no deseaba que viviera en la muerte. Que el Cordero de Dios haya borrado mi pecado, que haya tenido misericordia de mí y que haya dado paz a mi corazón pese a no ser digna de recibirlo, me estaba curando. A través de la Misa rá pidamente fuí una persona distinta, entusiasmada en la vida misma, dando nuevo sentido a cada una de mis acciones. Empecé acercandome más y más a mis tres hijos con alegría, una alegría que no pensé existiese antes. Estaba aprendiendo al fin cómo vivir !

Finalmente creí que tenía una razán de ser y que Dios me amaba incondicionalmete. De esta manera, me dí cuenta de la necesidad de comunicarme con otras mujeres con experiencias similares. En ese intercambio descubrí que muchas mujeres y hombres que se apartaron de la fé católica lo habían hecho por haber experimentado el aborto y sintieron de alguna manera su enajenamiento o el rechazo de la Iglesia. Me dolía mucho aquello pero me dolía aún más saber que el 40% de abortos se practica entre católicos. Con esos antecedentes de abandono familiar y de amigos, al igual que de la Iglesia, decidí hacer algo para que nuestros católicos sean más fuertes, iniciando la formación de grupos de apoyo.

Con el respaldo del Arzobispo Murphy, empecé trabajando con un equipo de laicos y de sacerdotes para traer el proyecto "Rachel " a Seattle. Este proyecto proporciona apoyo a sacerdotes especializados y consejeros profesionales. El proceso de curación de 12 semanas culmina con una misa de sanación y de aplicación. El proyecto Rachel tambien tiene personal capaz de dirigir un grupo de abuelos de niños abortados. Este proyecto me dió esperanza hecha ahora realidad. Realidad que otros hombres y mujeres católicas tengan la oportunidad de curar la herida del aborto y que sus familias se recuperen de nuevo y a través del Sacramento de la Reconciliación, crean que han sido completamente perdonados.

Analizando mi vida pasada de hace 23 a¤os cuando tuve mi primer aborto, y el aislamiento por el que pasé al no poder hablar de esto con nadie, al par con los años perdidos de mi vida, estoy convencida que si hubiese escuchado decir de otra mujer católica que habia tenido un aborto, hubiése adelantado 23 años en el proceso de mi curación de ahora. Al escuchar su historia hubiese realizado que el aborto nunca es la correcta decisión. Decisión que afectar el resto de su vida y de sus relaciones, especialmente con Dios.

Ahora es de gran importancia para mí el valorar a mis hijos. Ahora, los disfruto más, los abrazo más, los amo mucho más. La lección que aprendí es de conservar la comunicación abierta con ellos y enseñarles a respetarse lo suficientemente ellos mismos para observar la castidad hasta el matrimonio. Sigo trabajando para aceptarlos como son, alentándolos a decirme cualquier cosa, sin importar lo que sea.

Como lo dije al principio, este dolor seguirá conmigo el resto de mi vida, pero los obstáculos mayores ya han sido franqueados. Mi esperanza y mi oración es de seguir creciendo profundamente en mi fe y aceptar donde Dios me est usando, ayudando a otros hombres y mujeres.

Tengo un último mensaje para la familia de Dios. Nunca juzguen a una mujer que ha abortado. La decisión no fue tomada por ella misma. Con más frecuencia fué presionada, forzada y llevada a la cl¡nica. Otras más sucumbieron, ya sea por el novio, el esposo, sus padres, suegros, abuelos, doctores ó enfermeras. Y con más frecuencia, es la mujer quien sufre primero la culpabilidad, la verguenza, y el odio. Nadie conoce hasta donde la mujer ha llegado en su vida, que tipo de abusos ha sufrido, o que daño recibió en su autoestima. Una mujer que ha perdido un hijo por el aborto, tiene que rehacerse con el tiempo, con amor y con paciencia. Esto ser posible cuando se substituya el juicio y la condena por vías sólidas de entendimiento y de perdón.

Quiero agradecer el que me hayan permitido compartir mis experiencias con ustedes en beneficio de otros hombres y mujeres. En particular quiero dar gracias a Dios por mi vida entera. Por todas la bencidiones, gracias y dones que El me ha dado. Por guiarme en mis confusiones. Por levantarme cuando estaba caída. Por las inmunerables gracias y la generosidad del perdón. Y por sostenerme en la palma de sus manos.

English