Comparaciones Odiosas y Dones Preciosos

(Homilia Para Pentecostés)

Cervantes dijo, “Toda comparación es odiosa.” Una de las cosas más crueles (y más tontas) que puede hacer un marido es comparar su esposa con otra mujer, especialmente su mamá. Todos hemos sentido el dolor de ser comparados con otra persona. ¿Como es posible evitar la trampa de comparaciones? El domingo de pentecostes nos muestra el camino.

San Pablo escribe, “Hay diferentes dones espirituales, pero el mismo Espíritu.” (I Cor 12:4) Muchas veces enfocamos en nuestros dones. Si son mayores, nos sentimos orgullos. Si son inferiores, nos sentimos tristes. San Pablo nos pide reconocer el Donador.

El Donador es superior a los dones. Tuve que pasar por una experiencia dura para aprender aquella lección. Fui asignado con un sacerdote cerca de mi edad. Naturalmente los filigrees hicieron comparaciones: quien dio las mejores homilias, cual relacionó mejor con los jóvenes, quien era el mejor lider. Siempre me sentí en segundo lugar. El peor sufrimientos era cuando la gente hablaban bien de él delante de mí.

En un momento de gracia ví la raíz de mi angustia. Estaba rezando sobre una homilia. Pidí al Señor que fuera bien. El me dijo, ¿Por que estás ansioso que la gente la reciba bien?

Respondí piadosamente, “Para tu reino, Señor. Para la salvación de almas.”

Luego escuché la pregunta obvia, “Si es así, ¿por que no rezas que las homilias del otro padre vayan bien?” Tuve que sonreirme. Fue el Espíritu Santo.

Lo que cuenta no es la grandeza de los dones que hemos recibido, sino el Donador. El puede coordinar todo para el bien del Cuerpo. Los dones communes y corrientes a veces rinden resultados enormes cuando reconocemos su Fuente. Aquí hay un pequeño cuentito:

Una vez había una joven muy devota a Dios. Asistía no solamente a la misa domincal sino durante la semana. Muchas veces ella se quedó para rezar, especialmente ante la imagen de San Antonio de Padua. Un día el sacerdote le preguntó que hacía.

Ella le dijo que esperaban casarse y ser mamá. Ella entendía que era bueno rezar a San Antonio para conseguir un buen marido. El sacerdote le dijo, “Es verdad. ¿Y para tí cuales son las calidades de un esposo ideal?

Le dijo, “No me importa si es guapo o feo, rico o pobre, alto o bajo, gordo o flaco. Lo que quiero es un hombre que ama a Dios más que ama a mí.” Dentro de unos meses el padre la ví entrando la iglesia con un joven a su lado. De verdad, no era muy guapo. Tenía una apariencia comun. Pero quería hacer la voluntad de Dios, de poner a Jesús en primer lugar. Ellos formaron un matrimonio feliz, porque reconocieron que lo importante no es lo que uno posee, sino su Fuente.

Los dones que tenemos son preciosos no en sí, sino en relación al Donador. Este Domingo reconocemos la Fuente de toda bendición – el Consolador que el Padre nos envia en el nombre de Jesús. (Jn 14:25)

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Versión Inglés

De los Archivos:

Homilía 2011: Fue el Espiritu Santo
2010: El Poder del Espiritu Santo
2009: Amable Huesped del Alma
2008: Don Doble
2007: Siempre a Tu Lado
2006: Da Testimonio de la Verdad
2005: El Mayor Poder No Usado
2004: Un Hombre Abierto al Espíritu Santo
2003: Beber del Mismo Espíritu
2002: Sanación de Memorias
2001: Comparaciones Odiosas y Dones Preciosos

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