Amor es una Decisión

(Homilía para el Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario, Año C)

San Pablo nos dice que alguien puede ser gran orador, un hacedor de maravillas, pero, si no tiene amor, no es nada. Puede trabajar duro, hacer grandes sacrificios (incluyendo su propia vida) pero si no tiene amor, no vale nada.

¿Que es el amor? En su poema famoso, uno que los novios les gusta leer en su boda, Pablo describe las calidades de amor:

El amor es comprensivo, el amor es servicial,
Y no tiene envidia; el amor no es presumido,
Ni se envanece; no es grosero,
Ni egoísta; no se irrita ni guarda rencor;
No se alegra con la injusticia, sino que goza con la verdad.

Y luego dice que el amor verdadero dura para siempre. No está hablando del amor de los cantos populares. Ese amor es una emoción – una atracción fuerte e irresistible. Obviamente, aquel amor no dura mucho. Las emociones cambian. La atracción irresistible puede trasformarse rápido en repulsión inaguantable.

No es que las emociones no son importantes. Todos flotamos sobre un mar de emociones. Nos echan aquí y allá. Sin embargo – gracias a Dios – el amor en el sentido mas profundo no es una emoción. El amor es una decisión.

Martín Lutero King (el gran líder de los negros norteamericanos) soñó con un día cuando la gente sería juzgada no por el color de la piel, sino por el contenido de su carácter. Carácter es la habilidad de hacer una decisión buena y cumplirla. Amor requiere carácter. Es una decisión.

Afortunadamente, no estamos solos en cuanto al cumplimiento de nuestras decisiones. Si fuera así, todos estaríamos perdidos. Nuestro poder de hacer decisiones – y seguirlas – es muy débil y limitado. Para fortalecer nuestras voluntades débiles, requerimos la gracia de Dios, su decisión de hacernos amables.

Podemos ver la necesidad de gracia cuando consideramos una calidad esencial de amor – es decir, el perdón. Toda relación humana – desde la amistad hasta el mismo matrimonio – depende de la capacidad de perdonar. Sin perdón una relación humana apenas puede perdurar una semana, ni hablar de una vida entera. San Pabla habla de una amor que aguanta todo, que no es rencoroso, ni se irrita. Nadie puede tener aquel tipo de amor sin la gracia de Dios. Aquel poder nos viene porque Dios primero nos perdona. Solos no podemos hacerlo. Seguro, podemos disculpar a la otra persona, pero realmente perdonar depende de la acción de Dios – su decisión de amarnos primero.

El Catecismo describe las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad (amor). Reafirma lo que San Pablo enseña – que la mayor de las tres es el amor. “La caridad,” dice el Catecismo, “es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas por El mismo y a nuestro prójimo como a nosotros por amor a Dios.” (1822) Sin caridad no podemos ir al cielo. De hecho, sin ella no querríamos ir al cielo. Ver a Dios y los santos sería aborrecible sin caridad. Caridad es el cielo.

Pedimos a Dios por aquel don – por la fuerza de carácter de hacer la decisión de amar.

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English Version

De los Archivos (Cuarto Domingo, Ciclo C):

2016: Comienzo Nuevo: Vivir el Plan de Dios
2013: Combate Espiritual
2010: Tres Niveles de Amor
2007: Lo Hacemos por Alguien
2004: Amor es una Decisión

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