Enfrentando el Fin de la Vida

(Homilía para el 33o Domingo del Tiempo Ordinario, Año C)

Recién leí el libro Rare Earth (Tierra Singular). Los autores, que son profesores en la Universidad de Washington, dicen que requiere una cadena increíble de circunstancias afortunadas para que un planeta sea habitable – que, aunque el universo es inmenso, sin embargo es bien probable que solamente la Tierra mantiene vida compleja. Y notan que la extinción de vida en la Tierra es inevitable. Puede suceder en cualquier momento por un evento catastrófico – que aun si evitamos el tipo de catástrofe que condenó a los dinosaurios, los cambios en el sol nos terminarán.

Muchas veces los científicos hablan en términos de millones de años, pero Jesús implica que el fin del mundo llegará más pronto. Ciertamente nuestro fin individual está muy cerca. En vista de estos eventos inevitables, Jesús nos dice que mantengamos la calma. Dios no permitirá que un solo pelo sea destruido. Al final de las cuentas, el mueve todo partícula en el universo.

Hoy día tenemos un reto particular en mantener nuestra calma ante la muerte. La idea de muerte tiene un nuevo terror para la gente de hoy. Todos hemos visto a los agonizantes conectados a maquinas, con agujas en los brazos y tubos en la boca o nariz. Es importante notar que nuestra fe no requiere estas medidas – que toda persona puede y debe escoger el tratamiento medico que usará o no usará. Somos sujetos, no objetos de tratamientos médicos.

Escoger el tipo de tratamiento medico que uno recibirá no significa que uno puede terminar su propia vida – o la vida de otra persona. En cuanto a esto, el Santo Padre ha clarificado que agua y alimentación no se puede considerar como medidas extraordinarias y que no se debe negarlos a una persona agonizando. La doctora Janet Smith ha explicado claramente esta enseñanza papa, pero también ha hablado del dilema que presenta para la medicina moderna. Una alternativa, ella ha sugerido, es que la comida y agua no necesariamente hay que dar por tubos, sino que es posible lentamente dar por cuchara, aun si no es tan eficiente como tubos y como consecuencia avanzará mas rápidamente la muerte. No sé todas las ramificaciones medicas y éticas, pero se que esperaría, si alguien que yo amo estaba muriendo que tendría el cariño para atenderlo en tal forma – y esperaría que alguien tendría el mismo cariño para mi.

La muerte es inevitable, pero debemos hacer todo posible para evitar la despersonalización que ha entrado en la medicina, de hecho en toda la sociedad. Si Dios puede preocuparse por los cabellos de nuestras cabezas, ¿Cuánto mas se preocupará por nuestra persona? ¿Y cuanto debemos preocuparnos por nuestra propia persona, nuestra alma – y las almas de los que están cerca de nosotros?

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English Version

De los Archivos (Homilía para Domingo Treintitres - Año C):

2010: La Virtud de Esperanza
2007: De Dia y De Noche Trabaje
2004: Enfrentando el Fin de la Vida
2001: La Catástrofe que Viene

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