Transformación

(Homilía Pascua de Resurrección)

Una leyenda antigua cuenta de un monje que descubrió la corona de espinas que ha sido puesto sobre la cabeza de Jesús. Cubierta de sangre, era algo horrible. El monje la llevó con cuidado y la puso sobre un altar del templo. La gente la miró rápidamente, pero no querrían contemplarla porque les hizo recordar tan feo y cruel es el pecado, sus propios pecados. La corona de espinas quedó allá hasta la mañana de Pascua, cuando el monje, con la salida del sol, entró el templo. Pensaba que el recuerdo sangriento de la Pasión no era apropiado para el día de la resurrección y que debía quitarlo. Al acercarse al altar, notó una fragancia extraña. El sol era tan brillante que al principio no podía ver que había pasado. El sol había concentrado sus rayos sobre las espinas puntiagudas. De ellas salían rosas de belleza extraordinaria y una fragancia muy agradable.

Ese pequeño cuentito capta algo de la transformación de Pascua. Como hemos escuchado en las lecturas, la resurrección de Jesús cambia la vergüenza del pecado al perdón, la parálisis de desesperación a la esperanza.

Un hombre que hizo el viaje de la desesperación a la esperanza era el famoso actor, Mel Gibson. Desde una perspectiva limitada como la mía, parecía que no tenia nada para quejarse. Su carera le había ganado millones de dólares. Miles de aficionados lo adoraban y tenía una linda familia. No obstante, adentro se sentía vacío, miserable. Se le acercó a su padre, pero como muchos hombres no querría hablar directamente de sus emociones, lo que estaba experimentando. Por eso, le preguntó a su papá, “¿Piensas que existen situaciones sin esperanza?”

Su papa respondió, “No, Jesucristo murió por nosotros – y ha resucitado de la muerte. En esta vida no puede haber situación sin esperanza.” Desde aquel momento, Mel Gibson empezó a averiguar la fe en la cual ha sido criado. Finalmente hizo una película La Pasión del Cristo como testimonio a su fe – y esperanza.

El domingo de Pascua Jesús nos invita renovar nuestra fe y esperanza en él. Para algunos de nuestra congregación, Pascua es la culminación de un viaje largo. En la Vigilia Pascual, unos cuarenta adultos fueron bautizados o recibidos en la Iglesia. Hace siete meses comenzaron un proceso formal llamado el catecumenado en el cual aprendieron las enseñanzas de Jesús y como aplican a sus vidas. Para muchas otras personas, esta Cuaresma ha sido un proceso de renovación que incluía oración, confesión de pecados y sacrificio.

Una joven de la Universidad me contó de su penitencia cuaresmal que quisiera compartir con Uds. por indica algo sobre Pascua. Para la Cuaresma, ella dejó de comer pan. Pues, puede parecer fácil, pero era su comida favorita y el pan es parte de muchas diferentes comidas. Después de los cuarenta días de Cuaresma, ella tenía hambre de pan. Muy temprano en Pascua de Resurrección, el puso unos panes en el horno. Comió un pan caliente sin mantequilla ni mermelada. Era la comida más deliciosa.

Quizás algunos de Vds. están pensando en un pan caliente y no oirán más de la homilía. Pero mi punto es sencillo. Ella ofreció un sacrifico a Jesús y aun en un nivel muy humano, ella experimentó algo de la alegría de Pascua. Preparar y sacrificar para este día es algo lindo.

Sin embargo, esta mañana quisiera contarles un secreto. Aun si Vd. no ha hecho nada para prepararse, Jesús quiere compartas su alegría esta mañana. Un cristiano del siglo cuarto, lo dijo mejor que yo. Quisiera concluir con una cita de la homilía pascual de San Juan Crisóstomo:

¿Hay algunos cansados del ayuno?
¡Que se acerquen para recibir su pago!

Si unos han trabajado desde la primera hora,
que reciban su premio merecido.
Si unos han llegado a la tercera hora,
¡Que se unan con gratitud a la Fiesta!
Y el que llegó a la sexta hora,
que no dude, porque no aguantará ninguna perdida.
Y si alguien ha tardado hasta la novena hora,
que no vacile; sino que entre también.
Y el que llegó a la undécima hora,
que no tenga miedo a causa de su tardanza.
Porque el Señor es bondadoso y recibe el ultimo como el primero.
Da descanso a él que ha venido a la undécima hora
igual que a el que ha trabajado desde la primera.

¡Primero y último, reciban su premio, 
rico y pobre, alégrense juntos!
¡Enérgico y perezoso, celebren el día!
¡Vds. que han guardado el ayuno, y Vds. que no lo han hecho,
alégrense hoy porque la Mesa está preparada con abundancia! 

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English Version

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