Gloriosa Libertad

(12 de julio de 2020)

Mensaje: En la Eucaristia te unes a todo el cosmos dando gracias a Dios. Con Jesús podemos decir: "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra..."

porque toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios. La creación está ahora sometida al desorden, no por su querer, sino por voluntad de aquel que la sometió. Pero dándole al mismo tiempo esta esperanza: que también ella misma, va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Este domingo San Pablo habla de la "la gloriosa libertad de los hijos de Dios.". ¿De qué está hablando San Pablo? ¿Qué es la libertad?

Primero, aclaremos un malentendido. La libertad no significa hacer lo que quiera, cuando quiera. No. Cuando una persona pierde el control de los impulsos, conduce a la esclavitud. Vemos esa esclavitud cuando una persona se vuelve adicta al alcohol, las drogas y la pornografía.

Otras adicciones pueden manifestarse. Algunos me han dicho que durante esta pandemia se han vuelto adictos a las noticias. En lugar de centrarse en las cosas que están frente a ellos, se obsesionan con lo que Trump, Biden o alguien más está haciendo. Este tipo de obsesiones puede conducir a la mayor adicción: el pecado del orgullo, esa arrogancia donde una persona quiere despreciar constantemente a los demás.

Para liberarnos del pecado y la adicción necesitamos el Espíritu Santo. Como dicen en Alcohólicos Anónimos, nos hemos vuelto impotentes y necesitamos un Poder Superior. Necesitamos el Espíritu Santo para experimentar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

El Espíritu Santo nos libera, en primer lugar, por el perdón de los pecados. Hoy nos cuesta reconocer nuestros pecados y pedir perdón. El cardenal Francis George observó que nuestra sociedad lo permite todo y no perdona nada. Vemos personas canceladas por algo que hicieron hace 10, 20 o incluso 50 años. La persona culpable se disculpa, pide perdón, pero no importa. Todavía se cancelan. Afortunadamente, el perdón de Dios supera el nuestro, como la diferencia entre un avión de la fuerza aérea y un avión de papel. Perdonamos algunas cosas, algunas veces, pero Dios perdona todas las cosas, todo el tiempo. Gracias al perdón de Dios, tú y yo podemos experimentar la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

La libertad, en el sentido más profundo, significa cumplir con el propósito. Nuestros fundadores tenían eso en mente cuando hablaban de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. En el sentido clásico, la felicidad significa realizar tu propósito único. Esa es la tarea de la juventud: preguntarle a Dios, ¿por qué estoy aquí? ¿Qué quieres que haga con esta vida que me has dado? Seguir ese plan trae felicidad profunda. A pesar de las tribulaciones podemos conocer la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Te pido que busques la libertad no solo por tu propio bien, sino por el bien de toda la creación. Como dice San Pablo, "Toda la creación espera, con seguridad e impaciencia, la revelación de esa gloria de los hijos de Dios". Luego explica, "La creación está ahora sometida al desorden". En la escuela aprendimos acerca de la "entropía", la disminución gradual en desorden. Por sí solo, el cosmos no tiene futuro, pero Pablo dice que la creacion "va a ser liberada de la esclavitud de la corrupción, para compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios". El movimiento ambiental surge de un buen instinto: que nuestro comportamiento afecta al resto de la creación. El Papa Francisco habla sobre nuestro deber cristiano de cuidar la tierra, nuestro hogar común. Este planeta y, en última instancia, todo el cosmos está destinado a compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Antes de concluir, quiero conectar esto brevemente con la Eucaristía. En nuestras misas de fin de semana decimos el credo, la profesión de fe. Contiene el plan de Dios, desde la creación hasta la resurrección del cuerpo y la vida eterna. La misa nos coloca en el plan de Dios donde encontramos nuestro propósito, felicidad profunda, verdadera libertad.

En resumen: el Espíritu Santo nos libera de la esclavitud del pecado. Él te permite a ti y a mí, y a toda la creación, compartir la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Amén.

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De los Archivos (Decimocuarto Domingo Ordinario, Ciclo A):

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2014: Vida en el Espiritu Semana 2
2011: Sembrar Con Fe
2008: Poder de la Semilla
2005: La Palabra Encarnada en la Iglesia
2002: Misericordia Implacable
1999:El Sembrador Espléndido

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