En Quien Tengo Mis Complacencias

(Homilía para Bautismo del Señor, Año A)

Una cosa que nosotros los humanos tenemos en común es el deseo para una cierta medida de aprobación y respeto de otros. Encontramos el deseo en niños pequeños que miran a sus papás y profesores para signos de aprobación. Los ancianos también quieren ser respetados por sus contribuciones pasadas y por lo que actualmente tienen para ofrecer. Cuando alguien dice, “No me importan lo que piensan los otros,” muchos concluyen que el está sobrado o deshonesto – o las dos cosas.

El deseo para aprobación es natural y en si mismo, bueno. No obstante, puede ser una trampa. A veces imaginamos que estaríamos contentos “si los otros me aprecian no más.” Pues, si la admiración de otros dio felicidad sólida, las personas más felices del mundo serían las estrellas de Hollywood. Tienen la admiración de millones – pero raras veces son la gente más feliz de nuestro planeta.

Consideren Bárbara Eden. Hace unos años hubo una Biografía de su vida. Tal vez recuerden que era la estrella de un programa popular llamado “Mi bella genio.” (I Dream of Genie) Era número uno en ranking y ella estaba en un nube de aprobación de sociedad. Uno pensaría que ella fuera entre las personas más felices del mundo. Pero no era así.

La Biografía reveló una mujer terriblemente infeliz. Pasó por varios matrimonios y una lucha profunda con insignificancia. Para nosotros que tenemos vidas más ordinarias, parece increíble que alguien tan popular, tan admirada podía ser tan infeliz. Pero así era.

¿Esto significa que el deseo para aprobación es un fraude? ¿Qué debemos tratar de imitar la persona que dice, no me importa lo que otros piensan en mí? No, el deseo mismo es bueno y puede ser cumplido, pero no por nuestros propios esfuerzos. Hoy escuchamos de un hombre que ganó la aprobación de él que realmente cuenta. Cuando Jesús entró en las aguas del Jordán, escuchó una voz que decía, “Esto es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias.”

Si nos unimos a Jesús, podemos ganar la aprobación que realmente vale – no la de hombres, sino de Dios. La aprobación de sociedad es frágil. Los que han ganado popularidad – estrellas de cine, héroes de deporte, políticos y hombres de negocio – lo saben. Por otro lado, Dios ofrece una aprobación que perdura. Ya la hemos ganado en nuestro bautismo.

Al celebrar el Bautismo de Jesús este domingo, uno de las cosas mejores que pueden hacer es contar a nuestros hijos algo sobre su propio bautismo: como eran vestidos, quienes fueron los padrinos, como reaccionaron cuando el agua fue derramado sobre ellos, como era la vela, quien era el padre o el diacono, como era el templo y lo que hicieron antes y después de la ceremonia. Cualquier detalle va a tener significado. Y sobre todo, déjalo saber que en el día de su bautismo fue pronunciado las palabras bellas, “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias.”

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De los Archivos:

Bautismo del Señor 2013: Amor Generoso
2011: Siete Ensenanzas sobre Bautismo
2010: Nos Salvo Mediante el Bautismo
2009: El Poder de Bautismo
2008: Camino a la Cordura
2005: El Más Chocante
2004: En Quien Tengo Mis Complacencias
2003: Membresía
2002: La Gracia del Bautismo

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