Para Ser un Sacerdote Mas Feliz

(17 de diciembre de 2006)

Tema básico: Una reflexión sobre un aniversario - la gente quiere que sus sacerdotes seamos felices, para comunicar algo de la esperanza y alegría del Señor. Hoy San Juan nos da uno de las claves a la felicidad.

Hoy celebro mi aniversario treinta y cinco. El 17 de diciembre de 1971 fui ordenado al sacerdocio. La ordenación tuvo lugar en la Basílica de San Pedro en Roma. Mi papas, mis hermanos y varios amigos asistieron a la misa. Fue un servicio magnífico que duró mas de tres horas. Para mi papá fue un sacrificio fuerte porque en aquel era un fumador. Al salir de la Basílica, prendió su cigarro, pero también estaba contento de recibir la bendición sacerdotal de su hijo. Eso sucedió hace treinta y cinco años. Quisiera hacer una breve reflexión sobre esos años, en luz de las Escrituras que acabamos de oír.

Empiezo con un cuento de humor sobre una conversación entre un sacerdote recién ordenado y su párroco de edad avanzada. En realidad, fue una discusión caliente. Finalmente el párroco le dijo, "No debatas conmigo. Yo he tenido cuarenta años de experiencia como sacerdote."

El sacerdote le miró y le dijo, "No es cierto. Usted no ha tenido cuarenta años de experiencia. Usted ha tenido un año de experiencia y lo ha repetido cuarenta veces!"

Pues, tengo que admitir que ha habido mucha repetición en mis últimas tres décadas y media: miles de bautismos, centenares de matrimonios y funerales - pero cada uno con su singularidad. Además de los sacramentos, ha habido miles de reuniones, eventos parroquiales y conversaciones en que las personas han compartido sus alegrías, tristezas y luchas para ser fieles a Dios.

La semana pasada tomé tiempo para reflexionar sobre lo que parece una cascada de experiencias. Me pregunte: ¿Cual es necesario para ser un sacerdote feliz? O para ser mas exacto, ¿que puedo hacer para ser una sacerdote más feliz? Eso es algo que a la gente quiere - que nosotros los sacerdotes seamos felices para poder comunicarles algo de la esperanza y alegría del Señor. Empecé a escribir y rápido tuve una lista larga. Decidí reducirla a treinta y cinco cosas concretas que yo o cualquier otro sacerdote podría hacer para ser más feliz. No les daré la lista, pero quisiera mencionar una cosa porque se relaciona con el evangelio de hoy - y aplica no exclusivamente al sacerdote, sino a todos cristianos.

Hoy San Juan nos da una de las claves a la felicidad. Cuando la gente fue al desierto para escucharlo, le preguntaron a Juan, "¿Que debemos hacer?" Replicó que la persona que tiene dos camisas debe de compartir con él que no tiene ni una camisa. En algunas formas, eso es un consejo bien obvio. Una de las claves a la felicidad es compartir lo máximo que podemos.

Recién leí sobre unos pastores protestantes que comparten sus recursos económicos en una forma dramática: practican el diezmo al revés. En vez de dar a Dios el primer diez porciento, dan noventa porciento de sus ingresos y guardan solamente diez porciento por sus propias necesidades. Supongo que tienen ingresos mayores que un sacerdote. No obstante, su ejemplo me inspiró. De mi sueldo puedo prudentemente separar algo para tener un carro servicial, comida saludable, recursos educativos y unas otras necesidades. Pero, como San Juan indica, lo demás no me pertenece a mi. Pertenece a Dios. En mis años como sacerdotes, estoy conciente de lo que requiere para mantener una parroquia, pero también otras causas dignas - especialmente las que promueven respeto para la vida humana. Sobre todo, hay las necesidades impresionantes de los pobres. Mis siete años en el Perú me han mostrado lo bueno que relativamente poco dinero puede hacer para una familia necesitada.

Pensándolo bien, me doy cuenta de la gran bendición de poder dar a otros. San Pablo nos dice que uno de los motivos principales para el trabajo es no solamente ganar dinero para si mismo y la familia, sino poder compartir con la iglesia y con los pobres. Jesús mismo dijo, "Hay mas dicha en dar que en recibir." (Hechos 20:35)

Desde luego, el dar material debe estar acompañado de un dar más profundo. San Vicente de Paúl dijo, "Es solamente por tu amor que el pobre te perdonará el pan que le das." Poder dar a otro - o material o espiritualmente - es un gran privilegio. Y siempre debemos estar abiertos a recibir. Nadie es tan rico que no tiene nada para recibir - y nadie es tan pobre que no tiene nada para dar. Me imagino que el hombre con dos camisas se vio pobre: una camisa para llevar y otra para lavar. Pero San Juan le dijo que diera a la persona que no tenia ni una.

Ahora para resumir: Hoy me siento una gratitud enorme por el don del sacerdocio - y me pregunto como puedo ser un sacerdote más feliz, para poder servirles mejor. San Juan nos indica una forma importante - tanto para ti como para mi - que tratamos de determinar nuestra necesidad mas básica y con alegría y gratitud entregar lo demás.

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