Confianza

(Homilía para Segundo Domingo de Cuaresma, Año B)

Quisiera comenzar con algo de buena noticia en cuanto a nuestra observancia de viernes sin carne durante la Cuaresma. Estudios recientes indican que el pescado es muy bueno para la salud. La Asociación Americana del Corazón (American Heart Association) recomienda comer pescado dos veces a la semana. Además investigaciones indican que el aceite Omega-3 en el pescado puede defender contra la enfermedad de Alzheimer y mejorar a los que sufren del desorden bipolar. Parece que la práctica de comer pescado en vez de carne es sabia. No solamente mejorará la salud espiritual, sino física. También debo mencionar que mientras la Iglesia no requiere abstinencia de carne fuera de la Cuaresma, está a favor de esa disciplina. Finalmente, quisiera que sepan que, a pesar del hecho que el Arzobispo Brunett nos ha dispensado de la abstinencia este viernes, porque es día de San Patricio, yo voy a comer pescado…excepto si alguien me ofrece pecho curado con repollo.

Ahora para la homilía misma. En adición a la buena comida, muchos de Vds. tiene en su hogar un libro significante: el Catecismo de la Iglesia Católica. Aparte de la Biblia, es el libro más importante para un católico moderno. El Catecismo toma las enseñanzas de Jesús y las aplica a nuestro mundo actual. Se puede conseguir el Catecismo en un CD-ROM o desde la Internet. Si lo haces, se puede buscar cualquier palabra para ver su frecuencia y contexto. Hace poco tenía curiosidad para saber quien es la persona en el Antiguo Testamento mas mencionada en el Catecismo. Pensaba que iba a ser Moisés, el gran libertador y legislador. Pero no fue el. Mi segunda posibilidad fue Isaías, que tiene el libro profético mas largo del Antiguo Testamento. Pero no fue el. Resulta que el personaje que el Catecismo menciona más es el que esta en nuestra primera lectura: Abraham. El Catecismo lo refiere a el treinta y nueve veces. Tiene sentido porque Abraham personifica una virtud fundamental: confianza.

La lectura del Antiguo Testamento cuenta la confianza sobrehumana de Abraham. Después de rezar por décadas que Dios le diera un hijo, su señora Sara finalmente dio a luz a un hijo, Isaac. Como se puede imaginar, Isaac era más valioso para Abraham que toda la tierra y ovejas que Dios le había dado. Todas sus posesiones significaba menos para el que el meñique (dedo pequeño) de su hijo. Dios puso a prueba su fe pidiéndole hacer algo difícil de entender. Le pidió llevar su hijo a un cerro, ponerlo sobre una mesa de piedra sobre la cual vaciaría la sangre del muchacho. Abraham no entendió porque Dios requeriría tal cosa, pero hizo un gran acto de confianza. Mientras subían el cerro, Abraham llevó el fuego y el cuchillo – cosas que podían dañar al niño. Sobre la espalda del pequeño Isaac, Abraham ató la leña. Cuando llegaron al cumbre, el niño dijo, “Papá, veo el altar; veo el fuego y veo el cuchillo; pero ¿Dónde esta el cordero para el sacrificio?” La pregunta debe de haber quebrantado el corazón del ancianito, pero Abraham no vaciló en su fe, “Hijo mío, Dios mismo proveerá el cordero para el sacrificio.”

Dios, sí, proveó. Si confiamos en Dios, a veces nos contestará nuestras oraciones en formas maravillosas – como hizo por Abraham. Dios envió un ángel para parar su mano y cuando desató su hijo, vieron un carnero enredado por los cuernos entre las ramas de un arbusto. Dios les dio una respuesta inmediata, pero una pregunta quedaba en el aire. Por dos mil años, los hijos de Abraham iban a hacer la misma pregunta como Isaac. Resonaba por su historia: “¿Dónde esta el cordero para el sacrificio?”

Tenemos la respuesta en el evangelio de hoy. Cuando Jesús llevó a Pedro, Santiago y Juan a un cerro alto, una nube descendió y escucharon las mismas palabras pronunciadas sobre Isaac. “Este es mi hijo amado” Este vez no iba a haber un rescate del ultimo momento. No fue porque Dios Padre no podía enviar un ángel para salvar su Hijo. No, Jesús iba a dar la respuesta definitiva a la pregunta, “¿Donde esta el cordero para el sacrificio?” Jesús mismo es el Cordero. Ninguno animal, ni un bello inocente cordero, tiene sangre tan preciosa para quitar el pecado. Jesús, Dios en carne humana, es el único que puede quitar completamente el pecado.

Abraham nos enseña confianza en Dios, pase lo que pasa. Jesús demuestra que nuestra confianza jamás será en vano. Como dice San Pablo lo expresa así: “Si Dios esta a nuestro favor, ¿Quién estará en contra nuestra?” Luego señala que el Padre no nos escatimó a su propio Hijo, sino lo entregó por nosotros. Si lo hizo eso, ¿no nos dará todo junto con Hijo? Cuando lo piensa bien, todo ya está incluido en Jesús: sanación, perdón, vida, poder, alegría.

Hermanos, ya estamos al Segundo Domingo de la Cuaresma. Solamente cuatro semanas nos quedan hasta la Semana Santa. Hoy Jesús no invita subir aquel cerro con el, poner en el nuestra plena confianza.

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English Version

De los Archivos (Homilias para Primer Domingo de Cuaresma, Año B):

2012: Dos Pasos a Gloria
2009: Vislumbrar el Misterio
2006: Confianza
2003: Desenmascando un Mito Moderno

Otras Homilias para el Segundo Domingo de la Cuaresma ("Domingo de Transfiguración")

2012: Dos Pasos a Gloria
2011: Hijos de Abraham
2010: Liberacion de Dioses Falsos
2009: Vislumbrar el Misterio
2007: Escogido
2006: Confianza
2005: Una Confrontación con el Mal
2004: Hablaban de Su Muerte
2003: Desenmascando un Mito Moderno
2002: Escándalo en Boston: Reflexión Cuaresmal
2001: Una Voz Desde el Terremoto

Homilia para Transfiguración 2006: El Hijo del Hombre

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