Bulletin (April 24, 2005)

As you can probably imagine, this week it has been difficult to live with Deacon Ted Wiese. Being proud of his German ancestry, he has been quietly gloating over the election of the new pope. Please note: Not once in the last twenty six and a half years, have I brought up my Slavic ancestry in relation to Pope John Paul II. OK, maybe a few times.

Well, no matter what a person’s ancestry, it is hard not to be drawn to the humble, gentle figure of our new Holy Father. The picture below, taken in St. Peter’s Square on Tuesday, sums up many people’s reaction: surprise and joy over the election of Pope Benedict XVI.

I do not know that much about the new pope’s personal history, although I have read a couple of his books. A New Song for the Lord: Faith in Christ and the Liturgy Today helped me to better understand Vatican II’s teaching on the celebration of Sunday Mass and other sacraments. I particularly enjoyed Salt of the Earth. The book consists of his answers to questions which a secular journalist (Peter Seewald) proposed to him over the course of two or three days. I was astonished by his openness and his ability to bring such a depth of biblical and theological understanding to questions which vex modern man.

I had to chuckle about Pope Benedict’s brother. He has been in the news because of his concerns about his younger brother’s ability to carry the weight of the papacy. He reminded me of my own older brother who always comes up with the most pessimistic scenario and doubts that his younger brothers can accomplish anything without his advice. Anyway, here is a picture of Pope Benedict with his brother, Fr. Georg Ratzinger. Like Fr. Georg, we pray for the new pope’s health and strength as he assumes the great burden of guiding the Church as Christ’s vicar.

This weekend we focus on the needs of the wider Church as we hear about the Annual Catholic Appeal. I am most grateful to Arabella Corcoro for sharing her faith with us. With the support of her husband, Alex, and her children, Bill and Monica, she faced a serious health crisis this past year. Her testimony demonstrates what our Church is ultimately about: supporting one another in our times of difficulty so that we might together arrive at our true destiny. Pope Benedict expressed it this way: “All people want to leave a mark which lasts. But what remains? Money does not. Buildings do not, nor books. After a certain amount of time, whether long or short, all these things disappear. The only thing which remains forever is the human soul, the human person created by God for eternity.”

Después de los días de duelo por el fallecimiento del Papa Juan Pablo II, creo que todos hemos recibido con gratitud a Dios la noticia del Nuevo Santo Padre. El Papa Benedicto XVI trae al papado unos dones bien necesarios en este momento. Aquí hay una porción de su homilía durante el conclave:

“El otro elemento del Evangelio que quería mencionar es el discurso de Jesús sobre llevar fruto: «les he destinado para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca» (Juan 15, 16). Aquí aparece el dinamismo de la existencia del cristiano, del apóstol: os he destinado para que vayáis… Tenemos que estar animados por una santa inquietud: la inquietud de llevar a todos el don de la fe, de la amistad con Cristo. En verdad, el amor, la amistad de Dios, nos ha sido dado para que llegue también a los demás.

”Hemos recibido la fe para entregarla a los demás, somos sacerdotes para servir a los demás. Y tenemos que llevar un fruto que permanezca. Pero, ¿qué queda? El dinero no se queda. Los edificios tampoco se quedan, ni los libros. Después de un cierto tiempo, más o menos largo, todo esto desaparece. Lo único que permanece eternamente es el alma humana, el hombre creado por Dios para la eternidad. El fruto que queda, por tanto, es el que hemos sembrado en las almas humanas, el amor, el conocimiento; el gesto capaz de tocar el corazón; la palabra que abre el alma a la alegría del Señor. Entonces, vayamos y pidamos al Señor que nos ayude a llevar fruto, un fruto que permanezca. Sólo así la tierra se transforma de valle de lágrimas en jardín de Dios.”

Este fin de semana nos unimos con la Iglesia por medio de la Petición Anual. Pido su colaboración para el bien de nuestra Arquidiócesis y de nuestra parroquia. Necesitamos la respuesta de todos. Aun si alguien no puede contribuir en este momento, te pido llenar un sobre indicando tus oraciones. Así no enviaremos otra carta. Tenemos una meta de $57,459 para ayudar al obispo con los diferentes ministerios de la arquidiócesis (hospitales, prisiones, escuelas, educación religiosa, sacramentos, seminaristas, sacerdotes y hermanas jubilados, etc.). Todo lo recibimos mas allá de esta meta será usado aquí en la parroquia para proveer mejor iluminación de los estacionamientos y edificios para que estén más seguros. Pido el apoyo y colaboración de todos.