¿Qué Debo Hacer Para Alcanzar La Vida Eterna?

(Homilía para el 28o Domingo Ordinario, Año B)

Un hombre le pregunta a Jesús, “¿Qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” (Mc 10:17) Es una buena pregunta, en un sentido es la única pregunta. La eternidad es un tiempo muy largo – y realmente la única cosa que cuenta es donde vas a estar – en el cielo con Dios y los santos o en el infierno, eternamente separado de Dios.

Para entender que larga es la eternidad trata de imaginar que en el futuro los científicos inventan un ave robot que tiene la tarea de llevar toda el agua de la tierra hasta la luna. El ave robot toma una gotita de agua en su pico y vuele hasta la luna. No necesita pilas pero vuela lento - el viaje dura cien años. Regresa y toma otra gotita. Cuando el ave robot haya llevado toda el agua de los ríos, lagos y océanos hasta la luna, la eternidad apenas estará comenzando.

Entonces la pregunta es, ¿Qué debo hacer para ganar la vida eterna?” Algunos piensan que Jesús le dice, vender todo, pero no es así. Lo que Jesús le dice al hombre es, Tu sabes los mandamientos. Como buen judío los había aprendido de memoria: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no mentirás, honrar a sus papás y adorar a Dios sobre todas las cosas. Pero el hombre no solamente había estudiado los mandamientos, sino, como todo ser humano, los tienen escritos en su corazón. (Rom 2:15)

Algunas personas han tratado de negar los mandamientos. Por ejemplo, había grupos que practicaron lo que se llama el amor libre. Pensaban que iban a crear felicidad, pero en cambio llegaron a la miseria. En la Unión Soviética, los comunistas trataron de abolir los diez mandamientos. Imaginaban que iba a tener un paraíso aquí en la tierra – pero lo que resultó era el infierno más horrible que el hombre jamás hubiera visto.

Todo hombre sabe los mandamientos – pero la dificultad es cumplirlos. El hombre que le preguntó a Jesús era un poco orgulloso. Le dijo a Jesús: Todo eso lo he cumplido desde muy joven.

Es una declaración extraordinaria. La Biblia menciona que “el hombre justo cae siete veces.” (Prov 24:1) Y en su carta a los romanos, San Pablo dice que “todos hemos pecado y perdido la gloria de Dios.” (3:23)

Jesús miró al hombre con amor. Vio su corazón – querría su salvación. Su palabra es como una espada de doble filo que revela los secretos. Le dice al hombre, “Sola una cosa té falta. Vende todo, da el dinero a los pobres y sígueme.”

Observar los mandamientos significa poner todo en manos de Dios. Todo. Mi mente, mi corazón, mis amistades, mi familia, mi dinero. Todo. El hombre “se entristeció y se fue apesumbrado.” No querría dar todo a Dios.

La semana pasada asistí a una conferencia en Chicago sobre la mayordomía. Cuando algunos escuchan la palabra mayordomía, piensan en el dinero. Dice, “oh, no, el padre me va pedir que de mas en la colecta.” Pero en la conferencia, dijeron varias veces que la mayordomía no es sobre el dinero. Es sobre la salvación del alma. Para salvarnos, tenemos que poner todo en manos del Señor. Mayordomía significa administrar los dones de tiempo, talento y tesoro que Dios me dado.

Uds. saben que estoy preocupado por las condiciones de los edificios parroquiales – pero ellos al máximo durarán tres o cuatro siglos. Es un segundo en comparación a la que tu y yo vamos a perdurar – es decir, la eternidad. Lo que me importa es la salvación de toda persona aquí, comenzando con él que habla. Y para salvarse tenemos que entregarnos totalmente al Señor.

Los mandamientos de Dios implican una entrega total, “vende lo que tienes, da el dinero a los pobres...Después, ven y sígueme.”

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