El Sembrador Espléndido

(Homilia para el 15 domingo, año A)

Hoy Jesús nos habla del sembrador que salió a sembrar. En todas parábolas Jesús trata de enseñarnos algo sobre Dios y nuestra relación con él. Dios es como un sembrador, pero muy particular. Lo que notamos es su extravagancia. Arroja la semilla.

Dios tiene lo que la gente de hoy llama abundance mentality, una mentalidad de abundancia. En cambio nosotros muchas veces tenemos lo que se llama scarcity mentality, o sea una mentalidad de escasez. Pero Dios arroja la semilla como si la bolsa no tuviera fondo.

Pensando en la extravagancia de Dios, vino a mi mente un recuero de mi amigo el Padre Miguel Holland. No era solamente un hombre enorme, sino tuviera una personalidad expansiva, espléndida. Una vez unos esposos de México nos visitaron. Decidimos ir a un picnic. No me gusta malgastar la comida entonces les pregunté que tipo de sandwich quería cada uno. Mientras que yo ponía un poco de carne entre pedazos de pan, el Padre Miguel empezó a buscar otra comida. Pronto tuvimos una caja llena de papitas, gaseosas, aceitunas, etc. Y en el camino al parque el Padre Miguel fue a Kentucky Fried para recoger su especial de doce pedazos de pollo frito. Tuvimos suficiente comida para nosotros y todas las otras personas en Seward Park.

Así es Dios nuestro Padre. Tiene la mentalidad de abundancia. Mira como creó el universo. Podía haber creado solamente el sol y la tierra, pero al contrario llenó el cielo de planetas, galaxias y estrellas tan numerosas para contar. La Biblia menciona esta extravagancia. Cuando Dios habla con Abraham de la promesa, le dice que su descendencia será "tan numerosa como las estrellas del cielo y como la arena que hay a la orilla del mar." (Gen. 22:17)

Vemos la extravagancia de Dios no solamente en el número de las estrellas sino también en nuestro planeta. Aquí Dios ha sacado una variedad increible de seres vivientes. Hay millones de especies de plantas y animales--y muchos de ellos son maravillos, misteriosos. Pero ningún animal es tan misterioso como el ser humano. Todos los otros animales han encontrado su nicho y está tranquilo en él. Pero el hombre a pesar de dominar todo el planeta realmente no tiene su nicho, su hogar aquí. Es inquieto, siempre busca algo más. Se siente lejos de su padre, de su hogar verdadero. Somos como niños separados de su papá.

Aun el adulto puede extrañar a su papá. Durante mis años el Perú, pensaba mucho en mi padre. Me peocupaba que algo iba a pasar y que yo no estaría presente. A pesar de estar en un lugar bonito con gente muy buena, estaba lejos de mi hogar. Todos tenemos esta sensación. Y sabemos que el hogar aquí en la tierra es solamente una sombra de otro hogar, el hogar verdadero. Estamos buscando nuestro padre verdadero.

Es por eso que Jesús ha venido. Señalarnos, revelarnos la cara del Padre. Y hoy lo hace en una forma especial. Nos dice, "salió el sembrador a sembrar." Y lo que Dios siembra es fertil, tiene una fecundidad increible. Da una siembra abundante. Otra vez estoy pensando en una experiencia que tuve con el Padre Miguel. Es el mes del aniversario de su muerte y estoy pensando mucho en él. Una vez el Padre Miguel me invitó acompañar a visitar una familia cosechando el espárrago. Pasmos cinco días en el campamento. Fue interesante ver la cosecha del espárrago. La planta salió de la tierra como un dedo largo y había una forma especial de contarlo. Y el próximo día otra vez había una nueva planta. Su fecundidad fue impresionante. Así es la palabra de Dios. Cuando cae en buena tierra da una cosecha enorme.

A veces cuando escuchamos la parábola del sembrador y la semilla, nos preocupamos. ¿Tengo yo buena tierra en mi corazón? Pero no es el enfoque correcto. Lo que importa no es lo que yo hago sino el poder de Dios. El es el sembrador y su semilla es fecunda. Además Dios ha creado el mismo terreno de tu corazón. La correspondencia entre terreno y semilla es perfecta. Claro que hay piedras y espinos--son nuestros propios pecados. Pero Dios puede quitarlos en un instante. ¿Por que tenemos tan poca fe? Si Dios ha creado todas las galaxias, el puede hacer un milagro de fecundidad en nuestros corazones.

En la primera lectura hoy Dios nos dice,

"Como bajan del cielo la lluvia y la nieve
y no vuelven allá, sino después de empapar la tierra,
de fecundidad y hacerla germinar,
a fin de que dé semilla para sembrar y pan para comer,
así será la palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí sin resultado,
sino que hará mi voluntad
y cumplirá su misión." (Is. 55:10-11)

Ahora vamos a entrar en la liturgia de la eucaristia. Dios va a derramar su gracia sobre nosotros como lluvia sobre la tierra seca. Aun el corazón más árido puede volver a ser fertil y da su cosecha. El Sembrador está aquí.

De los Archivos (Homilias Para Quince Domingo, Año a):

2011: Sembrar Con Fe
2008: Poder de la Semilla
2005: La Palabra Encarnada en la Iglesia
2002: Misericordia Implacable
1999:El Sembrador Espléndido

Otras Homilias

Homilia para Misa de Quinceañera (también Ritual)

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(octubre 2010)

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